EL REGRESO DE UN AMIGO

Parecía emular el famoso anuncio del turrón, Antonio ha vuelto a casa por Navidad. Desde que dejó sus responsabilidades como párroco en San Juan Bautista de Fuenlabrada, para asumir una compleja misión en la Universidad de Milán, Antonio sólo nos había hecho una visita y hace ya dos años. Pero ahora la ocasión ha sido muy especial. Antonio Anastasio es un hombre cautivado por Cristo, profundamente enamorado de Cristo y, en consecuencia, apasionado por la belleza que le remite siempre a Esa Gran Belleza que es la presencia de El Señor.

A lo largo de su vida como sacerdote, se ha encontrado con miles de personas y todos ellos han ido imprimiendo un sello particular en su corazón. Las situaciones en las que se ha desarrollado su misión, el camino particular que ha ido realizando con algunas de las personas que ha encontrado, ha ido provocado su sensibilidad, hasta el punto de traducirse en las letras de algunas canciones que ha ido componiendo en la medida en que sus responsabilidades lo permitían.

Para los que gozamos de su amistad, sus canciones nos resultan algo natural con las que se ha prodigado en todos los encuentros, reuniones o festejos que hemos podido compartir con él. Pero después de diez años de párroco en Fuenlabrada, es llamado a otras responsabilidades en su Milán natal, y allí se encuentra de nuevo con un músico, al que conocía de antiguo: Walter Muto. Retoman antiguas relaciones y Walter le da una nueva dimensión a esas bellas letras que Antonio ha ido musicalizando al tiempo que las creaba. Las introduce en una nueva dimensión y se deciden a editar un disco: SEI TU (Eres tú).

Cuando tenemos conocimiento de esto, le proponemos venir a reencontrar a su gente, al pueblo que ha cuidado durante diez años, y presentar esta nueva visión de unos textos profundos, sensibles, que brotan directamente del corazón, como fruto inigualable de unas relaciones verdaderas en las que Cristo siempre ha sido la referencia inequívoca. Antonio se viene a Fuenlabrada con la compañía impagable de su amigo Walter, y construyen un concierto que ha sido la delicia de varios centenares de espectadores que se han sentido dichosos de vivir un verdadero acontecimiento de extraordinaria belleza. Tras presidir después la eucaristía de la Inmaculada, Antonio se entrega de nuevo a toda su gente. Abraza a todos los que quieren acercarse a él, pidiéndole una dedicatoria que selle para siempre ese disco con sus canciones, que acaban de comprar. Ha sido un viaje breve, pero muy intenso, al que solamente podemos añadir, como corolario, un sencillo ¡Gracias amigo, por tenernos siempre en tu corazón!