¿POR QUÉ ODIAR?

Por qué odiar 1Esta es la pregunta que inició el cambio en un joven integrista afgano, después de hacer experiencia de pequeñas cosas durante su estancia en Europa. “Cuando mi padre fue enviado a Italia por el gobierno afgano, toda la familia nos trasladamos y yo decía que no quería ir a un país de infieles para estar entre infieles, lo único que quería era matar un infiel para ir al Paraíso. Pero durante ese tiempo pude comprobar que muchas cosas de las que me habían enseñado no eran verdad. Pequeñas cosas poco a poco han ido cambiando mi vida.

Recuerdo una vez que me había peleado con mi hermano y había salido de casa llorando, una mujer se paro y me pregunto ¿Qué te pasa? Y me ofreció agua. Después me he preguntado ¿por qué esta señora se preocupa por mí? O como cuando entré en la academia militar de Módena, un compañero me invitó a ir a su casa en Pascua. Yo me preguntaba ¿Cómo voy a ir una semana a convivir con un cristiano en su casa? Decidí ir, ver la situación y si la cosa no iba bien, marcharme.

Durante esa semana que estuve con ellos, no ponían cerdo o vino para comer. Un hermano pequeño preguntó el por qué de esto, y los padres le respondieron: “Tenemos un invitado musulmán y debemos respetar su religión”. También caí enfermo y tenía fiebre alta. A las dos de la noche, la madre de mi compañero entraba para vigilar mi fiebre tocando mi frente. Estas cosas me llegaban al corazón. Estos pequeños gestos son muy importantes en el recorrido de mi vida y, al final, me han esta pregunta: ¿Por qué tengo que odiar a personas que son humanas como yo?”

Habla Farhad Bitani, un joven afgano de veintiocho años, ex capitán del ejército afgano, que se reúne en la Casa de San Antonio con sesenta personas del programa de sostenimiento alimentario. Personas sencillas que viven una gran dificultad, la mayoría inmigrantes y muchos de ellos musulmanes. Escuchan con una gran atención porque desde un primer momento han detectado algo verdadero en sus palabras.

“Muchas veces, cuando oigo hablar del fundamentalismo islámico, yo me enfado, porque el Islam es una cosa muy diferente. El fundamentalismo mata y arrasa la vida. En el Islam, como en el Cristianismo o el Judaísmo, no está escrito en ningún sitio que tu tengas que quitarle la vida a nadie.”

Farhad cuenta como ha nacido en el seno de una familia fundamentalista. Su padre es un líder mujahidin (combatientes por Dios), que luchaba para expulsar a los rusos de su tierra. “Yo salía a la calle y veía a las mujeres violentadas y los cadáveres por la calle, parecía que ha nadie le importaba. Yo he visto directamente toda clase de violencia en nombre de un dios que no existe. Dios existe, pero el verdadero Dios promueve la paz y la libertad. Lo que ahora vemos en el mundo de gente que mata y corta cabezas en nombre de Dios, eso no es Dios, eso es el demonio”.

Farhad tenía nueve años cuando los Talibanes toman el poder. Su padre es encarcelado, su familia, privada de todos sus bienes, queda en una situación precaria. El es enviado a una escuela coránica donde le enseñan a memorizar en árabe los versículos del Corán, debe memorizar algo en una lengua que no comprende. Allí, el Mulá le decía: “si tú matas a alguien en nombre de Dios, irás al paraíso, y si tu lapidas a alguien en nombre de Dios, Él te disminuye tus pecados”. Pero después, el comprendería que esto no es verdad porque en el Corán esto no está escrito. Era pequeño y no sabía árabe y entonces el Mulá se aprovechaba.

El auditorio escucha enmudecido el relato de Farhad. Cuenta como en el tiempo de los Talibanes, las lapidaciones eran frecuentes. Todos se reunían en el estadio de Kabul para ver como se cortaban cabezas o amputaban manos. La gente participaba de esto y él también quería participar para que Dios disminuyera sus pecados. Era el mundo que conocía, no conocía otra cosa. El mundo era aquello que veía.

Ante el estupor de los presentes, confiesa: “Yo he entrado tres veces en ese estadio y he participado. Una verdadera locura, como ahora se puede ir a un estadio de futbol, la gente iba y veía como se cortaban cabezas o manos, como se lapidaba, y la gente gritaba como si fuera un espectáculo. La última vez que fui no participé. Recuerdo que un marido entregó a su mujer para que fuera lapidada, mientras él sujetaba a sus dos hijos pequeños. El marido decía que había encontrado a su mujer con otro y por eso debía ser lapidada, mientras que los niños lo único que querían era abrazar a su madre, mientras que los demás querían lapidarla. Cualquier día normal, salía de casa y podía encontrarme con manos cortadas que habían sido colgadas en los árboles. Yo he crecido con esta violencia. Todos los días la veía”

Por qué odiar 2En 1999, su padre escapó de la cárcel y toda la familia se traslada a Irán y vuelven a ser ricos y poderosos con la ayuda del dinero americano, y vuelta a empezar con otra guerra hasta que consiguen desalojar a los Talibanes del poder. El líder del llamado Estado Islámico Abu Bakr al-Baghdadi, en el tiempo de los talibanes era el mayor traficante de droga, y ahora dice que es Jalifa de musulmanes. Farhad afirma contundente que un Jalifa verdadero jamás ordenaría matar. Pero esto es posible porque en estos momentos algunos musulmanes se olvidan de lo que significa ser musulmán y no tienen ninguna información sobre el Corán, sino que obedecen a esas personas que los engañan, como hacía con él el Mulá de la escuela coránica.

“Yo tenía un corazón totalmente negro que sólo conocía la violencia, pero no era culpa mía porque a mí me habían enseñado solamente la violencia. Y la violencia no puede resolver nada. En mí país siempre han usado la violencia y la violencia siempre ha generado más violencia. Matar a un cristiano, a un judío, es siempre matar a un humano y de esto muchas veces lo olvidamos. Si no olvidamos la humanidad, no tendremos ningún problema. El problema de los musulmanes y cristianos de Europa es que no tienen ninguna información de lo que sucede allí. Todos los días, a centenares de personas se les corta el cuello en nombre de Dios, y Dios no permitiría nunca que un humano matara a otro humano.”

Su exposición termina y las preguntas se multiplican. Todos quieren saber más. El responde a todos con claridad, con la certeza del que comunica algo que ha vivido. Al final, muchos quieren abrazarle y seguir hablando, pero el tiempo es inexorable y tiene que marcharse. Los asistentes, personas humildes, la mayoría en una situación de precariedad enorme, salen sonrientes y felices, conscientes de que han escuchado algo que necesitaban oír. Pero no me resisto a finalizar sin citar una de sus respuestas a las preguntas que le formulan:

“A aquellos que sienten odio debemos decirle: Mira aquel a quién estas odiando es un ser humano. Debemos demostrar lo que somos y hasta ahora no lo hacemos. Yo he empezado a presentar mi libro por Italia y vienen muchos hermanos cristianos. Aquellos que me escuchan se convencen de que el Islam no es la violencia. Vosotros podéis hacer lo mismo”. Farhad Bitani, un joven musulmán afgano… y sin embargo amigo.